Una inmobiliaria de confianza cercana y diferente

Una inmobiliaria de confianza cercana y diferente

Hay inmobiliarias e… ¡inmobiliarias! Algunas sólo buscan vendar a toda costa una vivienda, un local comercial o lo que sea sin preocuparse de las reales necesidades del comprador o del vendedor. De ese tipo, os puedo asegurar que he visto muchas después de que Mario y yo nos divorciásemos y pusiéramos nuestra chalet en venta. A decir verdad, ninguna llegó nunca a convencerme hasta que un día, indagando por Internet, cayera sobre la Agencia Fresno Inmobiliaria, cuya bonita página web y su contenido me llamaron la atención a primera vista e hiciera que decidiera desplazarme hasta la oficina principal ubicada en Cobeña en la calle Ajalvir, número 21, para comprobar si la filosofía y el código ético de su agencia correspondían a lo que anunciaban en su sitio web.

Había visto ya tantas inmobiliarias y me había llevado en todos los casos tantas desilusiones que fui hasta allí con pies de plomo. Sin embargo, debo reconocer que fue pasar el portal de la agencia y me sentí increíblemente bien. Me gustaban la decoración, los muebles y colores de la pieza. “¡Era un signo!”, pensé yo… y bueno en cuanto pude conversar con uno de los agentes inmobiliarios de la agencia, mi primera impresión se confirmó.

El chico que me atendió fue empático, paciente y muy profesional, supo de verdad escuchar mis necesidades y expectativas en lo referente a la venta de nuestro chalet y en la búsqueda de un alquiler para mí mientras se solucionaba todo ello. Pues, desde que había descubierto la infidelidad de Mario tras haber estado casada con él más de veinticinco años, iba francamente perdida y muy, muy dolida. En realidad, estaba completamente desesperada. ¡No era para menos! De repente, tu esposo te anuncia que pide el divorcio para irse a vivir con su amante, doce años menor que él, de la que se ha enamorado perdidamente y sólo te dice que lo siente mucho pero que las cosas son así y que no hay vuelta atrás… ¡Ya me diréis!

Dentro de lo malo, como somos personas educadas y civilizadas, intentamos arreglar este asunto de la mejor manera para que todo ello acabara lo más pronto posible. Además, el hecho de que ya no hubiera niños de por medio lo facilitó todo, puesto que nuestra hija única llevaba independizada desde los 22 años, edad a la que se fue a trabajar a Nueva York. De ello, hacía dos años a día de hoy. En fin, nuestros abogados se pusieron de acuerdo y nosotros también sobre el reparto de nuestros bienes y el valor de nuestra vivienda. Como suele ser siempre el caso, el juez me autorizó a disfrutar de la casa hasta que se vendiera. No obstante, yo ya no soportaba vivir en aquel lugar que tantos recuerdos me traía, y por ello me puse a buscar una pequeña casa o piso de alquiler para intentar reconstruirme y hacer borrón y cuenta nueva…

De repente, te encuentras tan perdida, tan mal…

Cuando recuerdo aquella tristísima y dura época, ¡me entra una cosa! Imagínense… Llegas a los 55 años y piensas que tu vida ya está solucionada y que dentro de unos años podrás disfrutar de tu jubilación junto a tu marido, y… ¡te pasa algo así! ¡El mundo se te viene encima! De repente, te encuentras tan perdida, tan mal… que cualquier persona que te ayude o te escuche, le serás eternamente agradecida. Y así es… Pues, echarme una mano es, en cierta medida, lo que hicieron también los profesionales de la Agencia Fresno Inmobiliaria, puesto que a diferencia de otras inmobiliarias y debido a su filosofía de trabajo integral, me acompañaron y “soportaron” en todo el recorrido que conllevó la venta de nuestro chalet, así como el de la búsqueda de una casita de alquiler para mí. Desde el primer contacto hasta el último paso, ¡ahí estuvieron siempre!

Me mantuvieron informada de todas las novedades que surgían y un día, ¡por fin!, dieron con la perla rara.  Es decir, un estudio totalmente amueblado, muy coqueto y precioso en un pueblo situado a unos veinte minutos en coche de la capital y lejos de donde había vivido estando casada. De ello, ha pasado cierto tiempo, y poco a poco voy reconstruyéndome. Me he apuntado al gimnasio y a un club de lectura y voy conociendo a gente nueva de ambos sexos. Me está costando pero no dudo en que un día lo conseguiré. Ayer, un colega me invitó a tomar una copa después del trabajo y me reí mucho con él… De hecho, hacía mucho que no me había reído así…